¿Qué tiene que ver Loki con nosotros? Todo, porque esta serie es la representación de la postura generalizada de las comunidades ante las nociones del bien y del mal. Tal postura es de cuestionamiento, de búsqueda y de exploración renovada. Las decisiones políticas que vemos en la actualidad están determinadas por las nuevas y debatidas perspectivas de lo que es bueno y malo, de lo que es racional e irracional, de la locura y la cordura, de la prohibición y la transgresión.
En el comienzo, Loki se encuentra con la autoridad máxima, la autoridad por encima de todas las autoridades: el Tiempo. En pleno descenso, al que es “arrojado en el tiempo” (Heidegger), es despojado de todo lo que lo constituye, es despojado de su ornamenta, de sus poderes y de su lenguaje. La TVA controla hasta la última de sus palabras, ejerciendo el poder absoluto. Se da cuenta Loki de que todos tenemos, en el curso natural del tiempo, un turno para vivir, un ticket para la existencia que no queremos perder dado su valor por el potencial infinito de elegir lo que haremos en ese turno. Es el turno que otorga el hecho de ser, de “estar ahí” en el tiempo. Todos lo tenemos y a todos nos angustia la desintegración.
En el juicio posterior sigue sin comprender que toda jerarquía, normativa o genealogía moral conocida (Nietzsche) ha desaparecido. Su delito no corresponde a las leyes terrenales, divinas, siderales o naturales. Su única falta es haberse apartado de la predestinación temporal. En la Sagrada Línea del Tiempo no hay otra falta, crimen o transgresión que la “falta de ser”, que apartarse de lo asignado, de lo esencialmente establecido.
La TVA es la forma de presentar el mundo de la razón, el trabajo y el orden, de allí deriva la estructura burocrática, y los hombres encorbatados y llenos de miedo. El campus de la TVA es el mundo de la vida regulada por esquemas de comportamiento y por una cosmovisión nutrida de historias mitológicas, como la de los Guardianes del Tiempo, no muy distante de nuestras cosmovisiones, propias del mundo occidental. Loki está apartado, entre paréntesis, preguntándose dónde está, “¿qué es este lugar?”. Resulta que ese lugar es donde por primera vez encontrará respuestas sobre su ser, a través de una esforzada terapia con el agente Mobius.
Extrañamos a Tony Stark, elevamos a Thanos a la cúspide de los grandes villanos, descubrimos en Wanda el potencial de introspección y expresamos nuestra simpatía hacia un Capitán América que aprovechó la oportunidad que le dio el Tiempo para vivir de nuevo. Ahora, fuera de toda circunstancia heroica, aparece el personaje con mayor profundidad filosófica en el MCU. “Loki” es metafísica pura, porque se trata de Loki preguntándose quién es, indagando su ser. Siendo precisos y justos, no es él quien se lo pregunta, sino el agente Mobius, un personaje alusivo a la figura matemática de la “cinta de Moebius”, cuya propiedad es ser “no orientable”.
Así pues, queda establecido que Loki no puede ser orientable: no es bueno ni malo; no es heterosexual o bisexual (pese al esfuerzo de Herron por anunciarlo), no es un dios, ni un robot ni un humano. ¿Se puede decir que Loki, sencillamente, “no es”? No gobierna Asgard, no es el rey de Midgard, no es el hermano de sangre de Thor, ni el hijo legítimo de Odín. No es hechicero, ni demonio, ni ángel, ni brujo, ni juez, ni rey, ni mago… En términos narrativo-formales no es héroe ni villano. ¿Qué es Loki entonces? ¿Quién es Loki? Esta pregunta define el diálogo más metafísico de todos. Y en compañía del agente/terapeuta Mobius, nuestro protagonista, que ha transitado una vida de derrotas, heridas y pérdidas, inicia su experiencia interior para encontrar la respuesta (Bataille).
La respuesta es esta: Loki es la representación del sujeto moderno, de ti, de mí, de los que dudan (Descartes) de los desconfiados, de los que renuncian al fundamento divino de la existencia y al Ser Máximo manifestado en Dios (Santo Tomás). Durante siglos, la humanidad vivió bajo una cosmovisión basada en el las esencias, la identidad y la finalidad de vivir. La ética fue fundamentalmente teleológica (¿cuál es mi finalidad?), y guía del pensamiento, la totalidad del mundo, los universales aristotélicos, la constante búsqueda de la sustancia, el “¿por qué soy lo que soy?”, “¿por qué soy?”. Pero en el nacimiento de la filosofía moderna, la existencia ya no está en las cosas, en el mundo, en las leyes naturales o en Dios. Ahora la mente gobierna y el ser humano reconoce su autonomía. Configura el mundo en función de su razón, de su capacidad, su poder, y en la medida en que el tiempo pasa, en su deseo: “Quiero culminar lo que hice no porque esté destinado a eso, no porque sea el dictado del tiempo, sino porque “yo” lo hice”, proclama Loki.
Mobius se atreve al intenso diálogo haciendo preguntas importantes. No le pregunta a Loki por qué es como es, eso ya lo sabe. Lo que quiere saber Mobius es por qué Loki es, para qué está ahí, por qué existe. Y en un inteligente ejercicio dialéctico, deja a un lado lo que Loki piensa, su forma de pensar, y rescata más bien lo que Loki desea. El Dios de los Engaños ya no es un ser racional, lógico, que piensa y actúa en unidad con su pensamiento; es un ser que desea, siente y actúa desde el sentimiento de pérdida, de herida, de descubrimiento traumático. Saber que no es hijo de Odín no es descubrir una verdad, sino derrumbar una ilusión. La herida se produce no al descubrirse en un Gigante de Hielo, sino al perder su lugar en Asgard, su pretendida consanguinidad con Thor, su amor hacia su madre, que termina no siendo su madre. Loki es ausencia, es vacío, es negación.
Mobius entiende esta realidad y la utiliza. La pregunta es clave: “Si regresas a tu mundo, ¿qué harías?”. Es como preguntarle a cualquiera qué es lo que desea. Y aquí es donde aparece la revelación de la serie y del personaje. Loki responde “para terminar lo que comencé”, pero sabemos que eso no es verdad, porque el Dios de los Engaños no es un ser de finalidades y objetivos, Loki es la transgresión pura. Cuestiona el libre albedrío, de raíz judeo-cristiana, porque considera el esquema bien-mal, permitido-prohibido como ilusiones de la vida, la cual es mediocre y risible. “Es la cruel ilusión del débil para infundir temor”.
Mobius lo reta, lo acorrala, y lo acusa de gozar su crueldad, de ser un sádico. Pero Loki está lejos de ser un sádico libertino, es más profundo que eso. Quiere gobernar porque quiere “ser la transgresión”. Su vida no tiene trascendencia, no es una experiencia mística donde encontrará la recompensa celestial o la luz después de la muerte (después del “final del archivo” de la TVA), sino una experiencia interior donde solo hay oscuridad, en la que se repliega a sí mismo. Él solo se tiene a sí mismo para entenderse, por eso Mobius lo pone ante sus actos, lo pone cara a cara con otras “versiones” de Loki, con otro Loki, lo fragmenta y lo hace entender que su ser está basado en la pérdida: “Para ser alguien nacido para gobernar, has perdido mucho”, dice Mobius.
Mobius… personaje infinito e importante en este desarrollo existencial. Brillante representación del diálogo contemporáneo. Todos, de vez en cuando, tenemos un Mobius interno para emprender este viaje interno. Al final del viaje, Loki se encuentra vacío, y ante todos sus fracasos, solo le queda reír. Por eso ríe tanto durante toda la serie, porque la risa, el lenguaje (es “muy conversador”) y el sexo (bisexualidad) son los tres modos primordiales de transgresión, y son las claves del erotismo. Esta situación queda representada en el amor no como experiencia plena y alcance de unidad, de lo ideal (Platón), sino en la daga, símbolo de violencia, herida, reflejo, muerte, fragmentación, desilusión, la nada (Kristeva, Butler, Foucault, Sartre, Heiddeger).
Loki no quiere gobernar ni ser cruel ni lograr algo particular. Desde su negación desea transgredir, actuar en función de lo normado, lo establecido, para romperlo, traspasarlo, violentarlo. Quiere ser prisionero para escapar, quiere ser sometido para resistir, quiere gobernar para acabar con toda genealogía de la moral, pero si se convierte en gobernante, se vuelve norma, prohibición, y con eso no se conforma. No quiere experiencias cómodas o privilegiadas, desea experiencias límite, de muerte. Ve en la catástrofe (representada en Lamentis) la respuesta definitiva al absurdo que ha sido su existencia, pero no es suicida. Es tan contradictorio… y sin embargo, ahí radica la riqueza de su ser. Loki quiere ser #LibreDeSer (hashtag de Tik Tok para el mes del orgullo)
¿Qué tiene que ver Loki con nosotros? Todo. Porque la discusión sobre la sexualidad de la que hoy somos testigos termina siendo una interrogación interior por nuestro ser. Es una pugna entre el esencialismo clásico versus el existencialismo moderno. Así Disney hace patente su declaración filosófica de principios justo en el mes del orgullo sexual: hoy la pregunta no es “¿por qué soy homosexual?”, sino “¿por qué soy?”, “¿por qué estoy aquí?”, “¿cuál sería el sentido de mi ser?” y la respuesta es “somos transgresión”, transgresión pura que necesita los límites para vivirnos ilimitados. #LibreDeSer es muy parecido a “el hombre es su libertad” sartreano. Loki está condenado a ser, aunque sea pura transgresión, pura acción de ruptura, desde la herida, desde la exclusión desde el hecho de existir como otro derrotado, “con quien los demás alcanzan su máximo potencial” (Mobius).
Lo único que nos falta por mencionar es la circunstancia de nuestro tiempo: la catástrofe. Nuestra cultura está signada por los tiempos catastróficos (pandemia, tragedia, apocalipsis). Lamentis-01 es nuestro contexto y del “no podemos salir”. De hecho, la palabra “Occidente” es etimológicamente una referencia a lo que merma o termina, al ocaso, al fin. Al fallecido lo llamamos “occiso”. De este modo, comprendemos que ante la muerte de Dios (Nietzsche), ante el olvido de la sustancia, la esencia, la forma (Aristóteles), ante la condena de ser libres a partir de la nada y del vacío existencial (Sartre) y ante la herida fundamental (Freud, Jung, Lacan, Kristeva, Butler), el sujeto contemporáneo proclama hoy una nueva forma de desear, en la que recupera la dimensión sagrada de su cuerpo y de su capacidad para duplicarse y observarse a sí mismo como un otro.
Es el sujeto que se persigue a sí mismo, como la serpiente que se persigue a sí misma en la mitología nórdica, la cual, por cierto, es engendrada por la figura mítica de Loki. Todo esto fue descrito por Borges en su “Libro de los seres imaginarios”. Como dato curioso, Borges es uno de los tres escritores favoritos de Tom Hiddleston, el actor que encarna a Loki. Los otros dos son Poe (un precursor del género detectivesco y la serie es detectivesca) y Quevedo, creador del Buscon, personaje referente de la picaresca, cuya vida es la es la busca de la distorsión moral, institucional y personal, como la del Dios de los Engaños. Perseguirse a sí mismo es el ejercicio que efectúa el que busca su sexualidad, el sentido de su vida y las potencialidades de su goce. Hoy más allá de pensar, deseamos gozar en la transgresión. Por lo tanto, parafraseando a Sylvie, esto no se trata de Loki, sino de ti.

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