10 errores que nos deja la discusión sobre La Sirenita


10 errores que nos ha dejado el debate sobre La Sirenita:

1. "No puede ser negra porque la sirenita es danesa". Falso. La Sirenita, ateniéndonos al cuento de Andersen, no tiene gentilicio. No nació en un país que podamos clasificar como equivalente a los que conocemos en nuestra división político-territorial. Siguiendo la adaptación cinematográfica, el danés sería, en todo caso, el príncipe de quien se enamora. Por cierto, dicho príncipe tampoco tiene un origen específico en el cuento original.
2. "La Sirenita es pelirroja". Falso. Si nos ajustamos a la adaptación cinematográfica de Disney, Ariel es pelirroja. Ahora bien, en el cuento original, el color del cabello del personaje en cuestión, que no tiene nombre, va cambiando conforme a los acontecimientos y estados anímicos. Dato complementario: La Sirenita de la adaptación cinematográfica japonesa Dowa: Ningyo Hime, de 1975, tiene cabello rubio.
3. "Disney está arruinando mi infancia". Falso. El abuso infantil, la experiencia de muerte, la pérdida, los episodios traumáticos, la violencia doméstica y demás eventos que afectan el desarrollo psicológico y orgánico (guerra, pobreza, enfermedad) arruinan las infancias, y las arruinan, precisamente, durante la infancia, no a los 35-40 años.
4. "La nueva sirenita es negra". Aunque no lo creas, eso está por confirmarse. No puede decirse antes del estreno de la película que la sirenita es negra, porque aún desconocemos la procedencia, origen y localización del ambiente en el que ocurren los acontecimientos. Tampoco sabemos si la protagonista, sus ayudantes o sus oponentes harán descripciones específicas del color de la piel del personaje, de las causas o razones de tal color y sus posibles mutaciones, como sí ocurre en el cuento original de Andersen. No sabemos aún si el color de piel es relevante o pertinente para el desarrollo del relato (en semiótica se llama propiedad diagnóstica). La afirmación según la cual la Sirenita actual "es negra" es, en el dominio de la semio-narrativa, "extradiegético", es decir, fuera del mundo imaginario o ficticio, de la secuencia narrativa y de la película en sí, entendida como texto. En pocas palabras, hacemos la afirmación de que es "negra" bajo los parámetros de nuestro mundo real, no ficticio, desde el cual observamos el proceso de producción, y eso no implica (aún) que, dentro de la historia, es negra. Negra es la actriz, no el personaje, hasta el momento. Del mismo modo, Denzel Washington puede interpretar a Macbeth, Idris Elba a Heimdall, Will Smith al Agente J o a Jim West, Jamie Foxx a Django o Samuel L. Jackson a Nick Fury.
5. "Disney está adoctrinando a mis hijos". Falso. Son las instituciones educativas, políticas, religiosas, familiares, empresariales y los grupos que se conforman bajo sistemas de creencias, valores, tradiciones y memoria colectiva, los que pueden incurrir en el adoctrinamiento en su connotación negativa. Muy diferente es la doctrina en sentido positivo, a través de la cual se establecen pasos y directrices para el más apropiado y efectivo entendimiento de un conocimiento, movimiento, práctica o cultura. Por lo tanto, Disney no entra en esta clasificación porque no tiene la responsabilidad formativa, educacional o social que muchos pretenden asignarle; forma parte de la industria del entretenimiento. Si crees que Disney quiere adoctrinar a tus hijos, significa que estás delegando a una empresa la responsabilidad parental y social que tú no has podido o querido asumir.
6. "Hay una agenda progre que está promoviendo la inclusión forzada en el cine". Cierto. Existe y The Walt Disney Company es quizá su máxima exponente. Pero es problema de Disney si decide plegarse a la agenda política progresista, no tuyo, ni mío, ni de los consumidores. Mientras haya conciencia, capacidad de discernimiento, criterio para valorar y juzgar en función de unos valores y principios bien establecidos y acordados al margen de la industria del entretenimiento, la decisión seguirá estando en las personas. Nadie es forzado a nada.
7. "Están destruyendo La Sirenita original". Falso. Ni la versión cinematográfica de Disney destruyó el cuento de Andersen, el cual sigue intacto y disponible para su lectura, ni la versión actual destruye la adaptación de 1989, la cual se mantiene intacta en los diversos formatos, canales de distribución y plataformas de difusión y consumo.
8. "Es una campaña de marketing". Cierto. Bienvenido a la superficie, Sirenit@.
9. "Esa no es mi Ariel o #NotMyAriel". Falso. Ariel no es "tu Ariel", nunca lo fue y nunca lo será. Ariel es propiedad de The Walt Disney Company, bajo la cual opera Walt Disney Pictures, bajo la cual opera Walt Disney Animation, bajo la cual opera Walt Disney Animation Studios Latinoamérica, en función de la cual opera Disney Plus, bajo la cual opera Disney Plus Latinoamérica, bajo la cual operan las empresas aliadas de distribución como Cinecolor (Venezuela), y luego, al final, muy al final, estamos nosotros los espectadores. The Walt Disney Company puede hacer con su propiedad lo que le plazca. Se llama propiedad intelectual, concepto que otorga la consecuente "licencia creativa". Lo que sucede es que muchas personas creen que un producto determinado de la industria ostenta y le confiere a las comunidades la misma autoridad mítica que las historias, símbolos, mitos, personas históricas y relatos de la religión, el folklore o las escrituras sagradas. No. La Sirenita ni siquiera le pertenece a Glen Keane, quien fue el que la dibujó para la adaptación animada de 1989, inspirado en Alyssa Milano. Ariel no nos pertenece.
10. Si decides no ver la película porque la actriz es negra, tu determinación está basada sólo en prejuicios. Y no está mal. Todos tomamos decisiones guiados por el prejuicio. Pero eso no te hace ni más inteligente, ni más consciente, ni más crítico, ni más despierto (awake), ni parte de una supuesta resistencia en medio de una batalla cultural. Y si piensas unirte a un plan de boicot contra la película sin que esta se haya estrenado, ten en cuenta que tu película favorita o tu actor favorito muy probablemente haya sido boicoteado por motivos similares y con actitudes parecidas a la tuya (el cuento La Sirenita, de Andersen, fue rechazado y boicoteado en su época). Para criticar hay que conocer; para juzgar, hay que tener los elementos de convicción y el conocimiento de causa. Si no, terminas convirtiéndote exactamente en lo que denuncias.

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