Si piensas que el eje de la narrativa
reguetonera es el sexo, el alcohol, la droga y los automóviles caros, te invito
a un ejercicio rápido de pensamiento inverso. Si crees que los elementos que
conforman el discurso de la música latina actual es la moral transgresora,
aquella que justifica los actos de maldad, exceso, crimen y perversión como señales de independencia y de
reivindicación subjetiva e individual, atrévete a pensar que puede ser lo
contrario: la directriz narrativa del género urbano más oído por la juventud es
más bien una moral rígida, una distinción clara entre inocencia y culpa, entre
el amor eterno y la distracción momentánea, entre la fidelidad y la
infidelidad, entre la normalidad y la a-normalidad. En cuanto a valores
intrínsecos, preceptos sociales y construcción de la personalidad no hay nada
más estricto, riguroso y elemental en su normatividad que el reguetón.
Bad Bunny lanzó el video de una canción
que ofrece algunos visos de conciencia social. Se transformó ante la cámara y
logró que las redes olvidaran el COVID-19 por un momento. Algo que ya habían
hecho otros artistas en otros géneros, medios y expresiones culturales, Benito
Ocasio lo materializa hoy en la mitología impensada. Esa que nos presenta
hombres independientes rodeados de mujeres sensuales, adinerados, dominantes y
excéntricos. Pero lo curioso de este video es la reacción inmediata de la gente
que cree que se trata de una ruptura de estereotipos. Percibo otra cosa. Yo
Perreo Sola es una canción que reafirma la postura ante la vida, el amor y el
poder que Bad Bunny ha transmitido a su público, mayoritariamente adolescente,
desde que comenzó su carrera.
No veo al hombre autosuficiente que
reivindica el sentido del honor, el respeto o el temor en medio del reclamo
territorial, como ocurría en los inicios de Daddy Yankee. Tampoco noto las
afrentas en nombre de santos protectores, ni la mística religiosa que unge a
los apasionados del poder individual. Bad Bunny no solo se transformó en una
mujer, sino también en un niño (estado de inocencia), y creo que es ese el
núcleo de su denuncia. Lo que me gustaría precisar es que el reguetón está más
enraizado en la pérdida de la inocencia que en la adquisición de la culpa. Como
categoría musical, se nutre de una idealización y posterior desmantelamiento de
la monogamia, del amor verdadero como supuesta matriz estructural de las
relaciones. Bad Bunny ha construido su música sobre la base del desamor, de la
pérdida. Cuando se quiebra la fantasía del amor duradero, surge el hombre
desencantado, roto, y acepta el viraje a la oscuridad con la declaración “Soy
peor”.
El reguetón es una oscilación entre dos
extremos: la inocencia idílica, ignorante de la hostilidad del mundo, embobada
y dócil, y la aceptación del dolor, del acto perverso, de la ira, la venganza
personal, el resentimiento dañino y la depravación sexual cuando la ilusión se
hace pedazos. Los propios artistas reconocen en casi todas las expresiones del
género que la degradación de su pureza inicial los lleva a la más absoluta y
justificada maldad e indiferencia (la niña mala Karol G). En ese sentido, Bad Bunny eleva su ultimátum:
“YHLQMDLG”.
Es necesario destacar el erotismo real
del reguetón. Así como en 50 sombras de Grey al erotismo no lo determinan las
posibilidades de conexión carnal, ni las aventuras sadomasoquistas, sino el
contrato que las justifica, el erotismo del reguetón no lo determinan la
obscenidad ni el doble sentido de la sexualidad revelada, sino los eventos de
desengaño, traición, ruptura y perjuicio que los justifican (Véase Tusa, todo
Bad Bunny, Te Boté, Mayores, Criminal).
Yo Perreo Sola es otra manifestación de
este fenómeno. No es una canción “contra el acosador” es un intento de
reivindicación de la mujer como ser consciente, rescatado de la inocencia, no
como víctima. No creo que él se convierta en mujer para romper estereotipos, es
más bien para afianzar el estereotipo de mujer que él considera necesario para
eludir al acosador: la que “tiene a los hombres como hobby”, la que “ya no quiere”.
Convertirse en mujer es la forma más exacta de trasladar al género opuesto sus
propios principios y actitudes morales ante la posibilidad real de acoso y
perversión. Y, de nuevo, recordemos que esa mujer que perrea “no cree en el
amor”, como él, no quiere nada, como él. Es un mensaje ante la actitud del
hombre inmaduro, algo así como “si crees que una mujer sale a perrear
exclusivamente para buscar un hombre, o para obtener un complemento masculino
para alcanzar la plenitud erótica, eres muy naive, estás equivocado”.
Cuando se habla de Bad Bunny, no creo en
la interpretación reduccionista del macho alfa con mujeres a sus pies, que
promueve un estilo de vida violento, materialista, misógino y egoísta. No lo
promueve, lo plantea como una consecuencia de la desilusión, del fracaso de la
moral idealista basada en la confianza en el ser amado, en la que preservas tu
cuerpo sagrado y tu corazón “para alguien especial”. Lo vemos en casi todas sus
letras. Cuando veas a Bad Bunny presumiendo su plata con 10 mujeres echadas en
un sofá y ostentando su derroche en vicios, no te lo muestra como modelo de
felicidad. Al contrario, lo expresa como una respuesta al dolor de no poder
alcanzar aún la plenitud del vínculo sentimental que había imaginado. Propone
una alternativa al amor ciego frustrado y a la confianza perdida: esa alternativa
es la autodestrucción, el sexo desenfrenado, la renuncia a la dignidad y la vida
de derroche sin propósito. Y lo admite en sus canciones como una suerte de
lucidez moral, como algo indebido, algo que está mal.
En definitiva, Bad Bunny te dice que
tengas cuidado. Eres demasiado infantil e inocente para la mujer que perrea
sola. Ten cuidado, porque más allá de que él se plante como hombre protector,
la mujer que perrea sola es exactamente como él, un alma que “aprendió” de la
pérdida, del dolor, del desencanto, del desamor, del dominio de otros. Por eso
la mujer que perrea sola y Bad Bunny terminan siendo la misma persona.
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