El séptimo sello: comentario breve



Lo primero que me vino a la mente, cuando apareció el bufón mostrando al mundo el histrionismo y la ilusión como posibles maneras de demostrar las contradicciones que subyacen en una ideología, en este caso religiosa, fue el manuscrito oculto en la famosa abadía descrita en el libro "El nombre de la rosa". Y lo ocultaban porque revelaba a quien tuviese la suerte de leerlo – o el infortunio, ya que sus páginas estaban envenenadas –una nueva forma de interpretación, de percepción, y de resurgimiento espiritual en el que despierta la conciencia y es sometida al examen que sólo el mismo individuo es capaz de formular, la risa: 

“Hemos tratado de la tragedia y de cómo, suscitando piedad y miedo, ésta produce la purificación de esos sentimientos. Como habíamos prometido, ahora trataremos de la comedia (así como de la sátira y del mimo) y de cómo, suscitando el placer de lo ridículo, ésta logra la purificación de esa pasión. Sobre cuán digna de consideración sea esta pasión, ya hemos tratado en el libro sobre el alma, por cuanto el hombre es –de todos los animales- el único capaz de reír. De modo que definiremos el tipo de acciones que la comedia imita, y después examinaremos los modos en que la comedia suscita la risa, que son los hechos y la elocución. Mostraremos cómo el ridículo de los hechos nace de la asimiliación de lo mejor a lo peor, del sorprender a través del engaño, de lo imposible y de la violación de las leyes de la naturaleza, de lo inoportuno y lo inconsecuente, de la desvalorización de los personajes, del uso de las pantomimas grotescas y vulgares, de lo inarmónico, de la selección cosas menos dignas. Mostraremos después cómo el ridículo de la elocución nace de los equívocos entre palabras similares, de la locuacidad y la reiteración, de los juegos de palabras, de los diminutivos, de los errores de pronunciación y de los barbarismos”. No por capricho, Bergman nos coloca en un contexto medieval, en el que la risa era vista desde la soberbia de la ideología dominante como una expresión del diablo, como una desviación del espíritu en el camino hacia la verdad y la salvación. Y las mismas esferas encargadas de imponer la fe infundían el miedo con los anuncios del Apocalipsis; entonces, los hombres, quienes vivían en una permanente discusión cuyo epicentro estaba en la “correcta” interpretación de las sagradas escrituras, comenzaban a cuestionar. 


El caballero que regresa de Las Cruzadas – donde se encontraba justamente para defender con fervor la religión que había dado sentido a su vida- cuestiona la aparición de su muerte, se pregunta por qué ésta, paradójicamente, es el camino hacia el contacto con Dios: "¿Por que no puedo encontrar a Dios con todos los sentidos?". El título del film (El sétimo sello) indica el comienzo de una historia que trata sobre el fin, sobre el fin del individuo (la muerte) y el fin de los tiempos (el Apocalipsis). La historia ofrece indicios sobre la formación religiosa de Bergman, quien, además, encontró en la imagen y el diálogo la manera de proyectar su pensamiento, pasión y deliberación. Representa el cinismo, el amor, el camino hacia la fe y otras realidades que comúnmente son denominadas “inmateriales”, a través de seres humanos, porque humano es el problema de la prolongación de la vida, de quienes, como el caballero de las cruzadas, intentan alargar la suya retando a la muerte a una partida de ajedrez –que también alude a la intelectualidad y al ingenio-. Magistral es la iluminación en esta película. En los planos generales se observan excelentes contrastes en la proyección de la luz sobre las siluetas. El juego de sombras es insuperable, y la musicalización es extraordinaria. Por último la alusión hacia la iconografía como técnica de expresión y de comunicación para ese entonces es vital. El séptimo sello no es una simple bifurcación del bien y el mal, sino el reflejo de la naturaleza del ser humano.

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