Django: ¿Qué pasaría si se estrenara hoy?


Es curioso que Quentin Tarantino, uno de los directores más controversiales de los últimos tiempos, haya pensado en Will Smith desde que escribió la primera letra del guión de Django Unchained. Imagina a Smith en lugar de Jamie Foxx, pronunciando cada una de esas líneas penetrantes e irónicas. Se me ocurre que precisamente fue Will, el Fresh Prince de Bel Air, quien guió a la teleaudiencia latinoamericana, durante la década de los noventa, en ese viaje iniciático a través de la comedia tipificada por la segregación racial. Sus graciosos encuentros con el “hermano” Jazz, las esporádicas pero seguras referencias a su raza y las alusiones a una desdichada infancia perturbada por la criminalidad y la discriminación parecían risibles e inocentes aquel entonces. Ahora, tras una lógica revisión con conciencia, admito que me cuesta reír aquellos chistes sin sentir un ligero resabio por haber sido tan ingenuo.


El príncipe de Bel Air, sin embargo, no fue el único que se atrevió a abordar estos incómodos temas. Bill Cosby ya lo había hecho una década antes, aunque más discretamente. Tan cautelosas eran su conducta y su línea de acción que reclamó al joven novato Eddie Murphy el exceso de groserías, obscenidades y chistes crueles sobre la comunidad afroamericana en su monólogo más famoso, Dangerous. Por otro lado, y para continuar la espectacular tradición, los hermanos Wayans impulsaron su propio show y le otorgaron un título sugerente: In Living Color, donde también la esclavitud y la crítica social eran asuntos recurrentes. Tras varios años de éxitos, uno de los Wayans, Damon, buscó su propio camino e inauguró el nuevo milenio de la comedia afroamericana con My Wife And Kids, mientras Dave Chapelle ofrecía su mejor contribución con Chapelle´s Show, además de varias apariciones en éxitos de Hollywood y sus avasallantes monólogos. Chris Rock estremeció los teatros de Estados Unidos y del mundo con la franqueza que incluso en la actualidad le caracteriza. Y los que he mencionado son solo algunos entre tantos y tantos.

El humor

Así las cosas, no representa ninguna novedad el cariz humorístico en la presentación de tales situaciones ni las diversas reacciones que genera. No obstante, hoy Django devela otra forma de humor, empleado con otras estratagemas narrativas. La crueldad y la esclavitud impregnadas de mezquindad y barbarie, que alcanzan su expresión máxima en el antiguo y sórdido postulado frenológico de los puntos en al cráneo, según el cual los hombres de raza negra son sumisos por naturaleza y están destinados al servilismo, quedan brillantemente sumergidos en la hilaridad punzante de un cineasta temerario y original, cuyos artificios retóricos son ya conocidos. El humor de Django Unchained no radica en el procedimiento instrumentalizado del sitcom o el gag, ni la ocurrencia del stand up, ni la burla a la desgracia ajena, ni mucho menos en la impertinencia de quien osa perpetrar el mal gusto. Es la manera de tratar el absurdo racismo y las descabelladas acciones de blancos contra negros y negros contra negros lo que suscita la risa. Es la realidad de aquella época, irracional e incomprensible la que genera sorpresa en el espectador. Tarantino no incurre en imprudencias; solo rescata la dolorosa temática de la esclavitud y escarba en la demencia que esta contiene.

Contrariamente a lo que muchos pueden llegar a pensar, la violencia no es el rasgo distintivo de Tarantino, sino el carácter de los personajes que inventa. Se puede intuir dicho carácter por una secuencia de acciones decisivas. Pero Tarantino logra establecer el equilibrio entre acción y diálogo, este último sosegado en el “performance” y al mismo tiempo enérgico en la manifestación de su trasfondo; otros diálogos resultan en el sobresalto y la excitación, aunque en el plano de la connotación no sobrepasa el delirio y el sinsentido de la distinción racial injustificada.

La violencia 

Luego de que Smith declinara, Jamie Foxx, comediante natural que formó parte del elenco de In Living Color, se hizo cargo. Tarantino le preguntó un día: “¡Oye! ¿Estás interesado en ser un esclavo? Foxx aceptó inmediatamente, pero no por el hecho de interpretar al héroe Django, sino por la gloriosa redención que significa embarcarse en una peligrosa aventura no por dinero, no por reputación, ni siquiera por venganza, sino por amor. Declaró en una entrevista que decidió despojarse de sus trajes caros y su estilo elegante para convertirse en un gladiador moderno, en una figura mítica que adquiere fuerza y determinación en medio del infortunio de ser torturado, humillado y separado de su mujer.

Es una película violenta, ciertamente. No se sabe si es más violenta la mirada de Samuel L. Jackson cuando Dr. Schultz llega a Candyland acompañado de Django que cualquier explosión. Tan impresionantes son para nosotros la trata de los encadenados, los castigos y la locura que se cierne sobre un país encallado en el umbral de una guerra civil, como lo era para los blancos “el negro montado en un caballo”. Más violento es el gozo de Candie ante un mandingo destrozado por los perros, o la efusión que le provocaba la ceñida pelea entre mandingos, que un montón de caras destrozadas por las balas. Violento es el desembarazo de Tarantino al mostrarnos una realidad que persiste, ya sea en otros niveles y en circunstancias diferentes; él mismo es testigo, como estadounidense nacido en Tennessee, de una violencia exacerbada que aniquila la moral de los hombres. Reveló en una entrevista que para mayor fortuna, Foxx había comprendido rápidamente lo que se quería contar, “porque yo soy de Tennessee y él (Jamie) es de Texas”. Siendo los dos del sur, la transformación del Western al “Southern” no tuvo ninguna dificultad.

De modo que no debería extrañar a nadie, más allá del enojo de Spike Lee, que un cineasta construya la historia de un hombre de raza negra, protagonista y héroe mítico, adaptándola a las técnicas y estilemas del Spaghetti Western, al estilo de Sergio Leone. No es para nada condenable que un director siga compartiendo con el público, cada vez más amplio por cierto, sus predilecciones, entre ellas el western, el combate uno contra mil propio del cine asiático, el tiro de cámara “from bellow”, el plano cenital, la sangre a borbotones, la tortura, el sentido trágico de la opresión, el “feet fetish”, la cámara subjetiva, el “point of view” de la víctima, la venganza, la emancipación y el amor.

En conclusión, este sincero homenaje a Django (1966), largometraje dirigido por Sergio Corbucci, es un drama exquisitamente sardónico y verdaderamente único que nos regala Quentin Tarantino. Concentra su fuerza en el humor peculiar y el inigualable trabajo de sus actores. Christoph Waltz (Dr. Schultz) consolida su versatilidad fungiendo de ayudante y destinatario en paralelo. Kerry Washington (Broomhilda) reorienta al espectador, haciéndole entender la naturaleza dramática del film, Samuel L. Jackson (Stephen) se hace notar en un papel determinante y de Leonardo Di Caprio solo debo decir que si brinda a sus seguidores más interpretaciones como la de Calvin Candie, en vez del “Good bye” épico que le dedica Dr. Schultz, prefiero un “Auf wiedersehen”, ¡porque significa que queremos volverlo a ver!

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